Alberto Linero: ¿las iglesias para cuándo?

Nosotros los creyentes, comenzamos a pensar que ya es hora de abrir los templos de todas las experiencias religiosas.

e escucha que están abriendo los moteles, los bares, que paulatinamente se van abriendo algunos aeropuertos y pronto también los restaurantes tendrán sus puertas abiertas. Así poco a poco se va entrando en la nueva normalidad. Eso está bien, porque no podemos quedarnos encerrados y con miedo, pero en medio de este contexto, nos preguntamos: y las iglesias ¿cuándo?

Así como los adultos mayores reclamaron su derecho a ser tratados como todos los demás, y ahora los niños comienzan a alzar su voz para que piensen en la reapertura de los colegios, nosotros los creyentes, comenzamos a pensar que ya es hora de abrir los templos de todas las experiencias religiosas.

Es obvio que con todas las medidas de bioseguridad y siendo muy responsables al asistir a orar o a celebrar los sacramentos, ya que las iglesias deben dar ejemplo practicando lo que predican, mostrando que la vida es un valor prevalente y debe estar por encima de cualquier interés particular. Tengamos presente que nuestra Constitución consagra el derecho de libertad religiosa y de culto, que son muchos los ciudadanos colombianos que hoy ven restringido este derecho. Pero tengo claro que no se trata solo de un tema legal, sino de pensar también en las herramientas que una buena experiencia espiritual puede aportarle a las personas, hoy tan impactadas mental y emocionalmente por la pandemia y las cuarentenas.

Una buena experiencia religiosa ayuda a la mitigación de la violencia intrafamiliar, en cuanto permite que las personas puedan tener un mejor manejo de sus emociones, ayuda a enfrentar mejor la ansiedad, el estrés y la depresión. Pero sobre todo, llena de esperanza a las personas que hoy ven con mucho pesimismo y miedo el futuro, no solo por la posibilidad de contagiarse, sino también por todas las consecuencias económicas que esta situación ha traído. Y claro, también desde el derecho a la libertad religiosa y de culto, creo que se enfrenta un debate de fondo, sobre libertades individuales y la relación con el Estado.

Un debate sobre los límites que las autoridades del Estado deben tener ante circunstancias de calamidad y crisis como las que vivimos, frente a los derechos individuales. Hay que evitar ese lenguaje y ese tono “mesiánico” y “paternalista” frente a los ciudadanos, sobre sus derechos y libertades, ya que ello puede fácilmente degenerar en un autoritarismo incompatible con una democracia y un estado social de derecho.