La historia oculta de Adriana, la polémica monja uribista

Detrás de unas gafas oscuras de marca, un hábito tradicional y un pesado megáfono, la religiosa Adriana Torres salió el martes pasado del anonimato.

En medio de la tensa jornada judicial que vivió el país ese día por la citación de la Corte Suprema al expresidente Álvaro Uribe, dentro del proceso que se le sigue por presunto fraude procesal y manipulación de testigos, la monja terminó destacándose entre la muchedumbre que lo esperaba en las afueras del Palacio de Justicia.

“¡Que viva el sagrado Álvaro Uribe!”, “¿Por qué lo persiguen?”, “Él está con el señor Jesús”, “No es ningún paraco”, “Llevo la sangre uribista”, gritaba Torres

A lo largo de las siete horas que duró el interrogatorio, la mujer, forrada en un chaleco crema marca Birkenstock, empezó a alternar sus arengas con declaraciones a medios en los que confesó ser militante acérrima del Centro Democrático y del Grupo Tendencia Uribista, y ayudar a madres cabeza de familia, en el nororiente de Medellín, en el barrio Bello Oriente.

La vehemencia y tono de sus palabras, unidos a su figura recia y corpulenta, dejaron en un segundo plano a miembros de la bancada uribista que salieron a contrarrestar los gritos de los opositores, apostados sobre la carrera 7.ª con calle 12.

“Uribe, paraco”, “Asesino, genocida”, “Juicio y castigo”, les gritaban a los seguidores del expresidente, mientras él le respondía al magistrado César Augusto Reyes Medina un cuestionario de 100 preguntas, que incluían el asunto de los pagos de su abogado Diego Cadena a dos testigos dentro del caso.

Hacia las 5 de la tarde, cuando culminó la diligencia judicial, la hermana Torres ya había dado información suficiente para concentrar en ella los focos no solo de otras comunidades religiosas, sino de otros sectores.

“Hace 8 meses estaba en la vereda con mis niños y da la casualidad de que llegaron unos hombres y mandaron una boleta con un niño y me dijeron unas palabras que yo no debo decir, pero lo voy a hacer: ‘Paraca h. p., te vamos a matar por el doctor (sic) Álvaro Uribe Vélez. ¿Cuánto te pagó para estar con él?’”, le contó a este diario.

Agregó que, días después, un sábado llegaron unos encapuchados en motos y le pegaron, la escupieron y la tiraron al piso: “Me volvieron la cara nada”.

Y remató diciendo: “Fui una mujer aporreada por esas bandas porque yo soy uribista, porque como persona humana soy democrática y tengo derecho a mi voz y a mi voto y a decir lo que pasa en nuestro país”, le dijo a Blu Radio.

EL TIEMPO le siguió la pista al tema y estableció que la hermana Torres tiene escolta.
Pablo Elías González, de la Unidad Nacional de Protección (UNP), aseguró que Torres no aparece entre su protegidos. Pero miembros del Centro Democrático aseguraron que sí tiene escolta del Estado, gestionada por la Unidad de Víctimas de la Presidencia.

Pero allí dijeron que están verificando, pero que solo la UNP los otorga. Entonces, ¿quién le paga el escolta?

¿Quién la patrocina?
En Bello Oriente aseguran que la hermana suele pedir comida en la plaza minorista de Medellín a nombre de los niños pobres.

Incluso, detractores de la hermana la señalan de comercializarlos, y de usar un palabras de grueso calibre.

Pero en el Centro Democrático la califican como una uribista purasangre de buenos sentimientos.

“Es un amor, tiene un don que Dios le ha dado y que lo comparte con la gente. Ella es amiga de Uribe”, aseguró Jorge Cortés Álvarez, empresario y promotor de los llamados comercios populares de San José, uno de los famosos sanandresitos de Bogotá.

Cortés fue candidato por el Centro Democrático a la Cámara de Representantes y desde el 2002 hace política con Uribe.

Lo reconocen por usar el eslogan ‘Lo que es con Uribe es conmigo’, que postea en redes en las que posa con Uribe, el presidente Iván Duque, el canciller Carlos Holmes Trujillo y el ministro de Defensa Guillermo Botero.

Fue él quien costeó el desplazamiento de la hermana Adriana Torres a Bogotá.
“Me dijeron que quería venir a apoyar al presidente y yo le ayudé a ubicar los pasajes, y se está quedando donde una señora”, dijo el empresario de marroquinería.

La última vez que fue vista la hermana Adriana Torres fue el martes pasado en la noche, en la sede del Centro Democrático en Bogotá, donde fue recibida con abrazos por los congresistas Paloma Valencia, María del Rosario Guerra y Carlos Felipe Mejía.

Al otro día ya estaba en medio de una polémica luego de que EL TIEMPO reveló que la congregación de religiosas Carmelitas Misioneras negaba que perteneciera a ellas, y aseguraban que sus religiosas no procedían de esa manera.

De hecho, EL TIEMPO estableció que personas cercanas a la congregación llamaron desde Roma para indagar por la conducta y procedencia de la monja uribista.

Allegados a la hermana dijeron que esta había decidido no volver a contestar su teléfono debido a las agresiones que recibió a través de redes sociales, en las que le empezaron a decir incluso ‘monja paraca’.

Y anunciaron que su congregación también preparaba un comunicado de respaldo a Torres y a su labor. Pero al cierre de esta edición, no había llegado el comunicado desde Estados Unidos, donde supuestamente reside el máximo jerarca de su congregación (ver recuadro).

Por ahora, la hermana Adriana Torres regresó a Medellín, específicamente, al barrio Bello Oriente.

Hace 72 horas circuló en redes un video de su agridulce retorno a la plaza minorista donde recoge frutas y verduras que dice distribuir entre personas de bajos recursos.

Y, prácticamente, se revivió el escenario del martes pasado en las afueras del Palacio de Justicia.
Esta vez, en la plaza minorista, un sector la aplaudía, mientras que otro le gritaba “monja uribista, fuera de la minorista”.
Y la hermana, con un poncho paisa y arrastrando un carrito, seguía diciendo: “Me siento muy feliz de ser una mujer democrática. Que viva Álvaro Uribe”.