Peñalosa se perdió en los cerros de Bogotá

Ni el alcalde Enrique Peñalosa ni los funcionarios que lo acompañaban habían almorzado cuando emprendieron el camino. Eran las 11:30 de la mañana del sábado y la caminata alrededor del Sendero de las Mariposas, en los cerros Orientales de Bogotá, estaba presupuestada únicamente para tres horas.
Ninguno llevaba chaquetas o abrigo para la alta montaña, pues no estaba en los planes de nadie que el trayecto se fuera a prolongar más de lo debido. Iban acompañados por guías del Acueducto de Bogotá y un caminante que se habían encontrado en el camino: un perro parecido a un labrador que se le pegó a Peñalosa cuando comenzaron a avanzar por el espeso paisaje bordeado de orquídeas, espinos, alisos y tunos, toda esa exuberante vegetación que flanquea el ascenso a los cerros.
Se trataba de una visita técnica en la que expertos del Distrito harían observaciones topográficas, botánicas y ambientales alrededor de este sendero que para Peñalosa, desde el día de su posesión, se le convirtió en una obsesión: construir un camino de más de 100 kilómetros que atraviese los cerros Orientales de norte a sur y que una a Usme con Lagos de Torca.
Y es por esa razón que Peñalosa iba con Francisco Cruz, secretario de Ambiente; María Castillo, gerente del Acueducto de Bogotá; Laura Mantilla, directora del Jardín Botánico; Jairo García, secretario de Seguridad; y algunos otros funcionarios. En total eran 30 personas.
A la comitiva le habían advertido que se trataba de una travesía difícil, pues había puntos en los que se podía perder el trazado que marcaba el GPS, debido a la ausencia de señal. Peñalosa y su equipo tomaron el funicular y luego comenzaron el descenso por la parte de atrás de Monserrate. Era una trocha virgen y bastante pendiente. Allí no es que hubiese camino. Lo que comenzaron a encontrarse fue monte, lodo y piedras resbaladizas.
Después de cuatro horas de trayecto, uno de los guías del Acueducto aceptó por primera vez estar perdido. Ya eran las 4 de la tarde y por más de que descendían no encontraban la quebrada San Francisco, el punto que los podía sacar del limbo. Uno de los funcionarios que estaba en el grupo dice que sintieron miedo de solo pensar que tuvieran que pasar la noche en la humedad y el frío paralizante del cerro. “Nos angustiamos porque no teníamos ninguna protección ni comida ni agua. Uno allá arriba puede morirse de hipotermia”, dice. Hubo minutos de desespero y angustia. El alcalde, dice este mismo funcionario, comenzó a pedir que guardaran la calma y habló de activar un protocolo de emergencia.
Cada minuto que transcurría hacía más evidente la falta de energías. A eso de las 4:30 el grupo logró un resquicio de señal con el que pudieron comunicarse con el jefe de Bomberos de Bogotá, Pedro Manosalva. Fue en ese momento en el que comenzaron a buscarlos. “Cuando supe, de una vez me fui para allá con un grupo de rescate técnico que tiene a disposición la cartografía del lugar, comenzamos a hacer unos cuadros para determinar dónde podrían estar”, cuenta.
En medio del silencio del monte, había momentos en los que se escuchaban los aullidos del perro cuando no podía cruzar por algunos parajes. Entonces Peñalosa se devolvía y lo cargaba. Hacia las 6 de la tarde, cuando comenzaba ya a oscurecer, los bomberos ubicaron al grupo. Para poder salir, tuvieron que arrastrarse a través de la maraña y las piedras húmedas de la montaña, algunos atados con cuerdas que llevaron los rescatistas.
Hacia las 8 de la noche el grupo logró llegar a tierra firme. El primero en recibir alimento e hidratación después de la travesía fue el perro, que se devoró de un solo tajo varios pedazos de pollo y arroz que le pusieron los bomberos sobre un plato. El resto del grupo también comenzó comer casi que por inercia. “Tenía tanta hambre que no me importó comer con la mano”, cuenta uno de los funcionarios.
Algunos de quienes estuvieron con el alcalde pensaron en adoptar al perro. Tras algunas averiguaciones, supieron que el animalito vive en el monte y es visto de vez en cuando por los alrededores del cerro de Monserrate. “Pero sentimos que no tenía mucho sentido sacarlo de allí y tal vez llevarlo a un apartamento o encerrarlo en el Centro de Protección Animal, preferimos dejarlo libre en su propio hábitat”, cuenta alguien que estuvo allí.
Al día siguiente, el mismo Peñalosa publicó en su cuenta de Instagram varias fotografías del momento en el que estuvo perdido. Aún en medio del trance, sacó tiempo para captar imágenes de orquídeas y plantas del páramo. Personas cercanas al alcalde dicen que ahora más que nunca le quiere seguir apostando al proyecto del Sendero de las Mariposas. Un camino que atraviese el cerro podría –argumenta Peñalosa- acortar el tiempo de búsqueda de alguien que se pierde y lograr disminuir las horas de reacción cuando se presente un incendio forestal. Gracias a los bomberos de la ciudad, el alcalde y su equipo pudieron contar con algo de tranquilidad el cuento, ese en el que la presencia de un perro fue importante para que los oyeran en medio de la soledad de la maleza.
fuente: https://www.semana.com/