Soundhealing: la terapia sonora que pone a Cali en sintonía con su propio ritmo
En la Sultana del Valle, el sonido está haciendo más que prender la rumba: también está ayudando a bajar revoluciones. Cada vez más caleños se le miden al soundhealing, una práctica con raíces ancestrales indígenas y orientales que, a través de frecuencias sonoras, busca armonizar el cuerpo, aquietar la mente y darle un respiro a las emociones en medio del corre-corre diario.
“Estamos en constante vibración; al final, somos energía. Cuando el sonido entra a nuestro campo vibracional, ayuda a armonizarlo”, explica Stephania Cabrera, de Nia Soul Experience, instructora de meditación mindfulness, quien lidera espacios donde los asistentes se recuestan, cierran los ojos y se dejan llevar por una oleada de tonos profundos y sutiles.
Los instrumentos que marcan la pauta en estas sesiones son los cuencos de cuarzo cristal, los cuencos tibetanos y las campanas, entre otros. Cada uno vibra en frecuencias específicas que, según Cabrera, inducen a estados de mayor calma y coherencia interna. “Es como sintonizar la emisora correcta: cuando el sonido encaja, el sistema nervioso lo agradece”, cuenta.
En un mundo donde la agenda no da tregua y la productividad va a mil, los beneficios que reportan sus practicantes suenan, ve, bastante tentadores: gestionar mejor las emociones, reducir el estrés y la ansiedad, equilibrar el sistema nervioso y despejar la mente. Cabrera asegura que ha recibido testimonios especialmente favorables de personas que lidian con insomnio y altos niveles de ansiedad. “Salir de una sesión con la cabeza más clara y el cuerpo liviano es posible; el sonido hace su parte y uno aprende a escucharse”, dice.
¿Quiénes pueden asistir? “El soundhealing está diseñado para todos”, señala la instructora, pero con matices. Hay consideraciones para embarazos avanzados, personas en procesos psiquiátricos o con epilepsia, porque la práctica induce estados profundos de relajación que podrían alterar ciertas condiciones. La invitación es a consultar antes y, si es el caso, asistir con acompañamiento profesional. Nada de extremos: aquí se trata de sumar bienestar, no de reemplazar tratamientos médicos.
La experiencia, que ya hace parte del parche del yoga, terapias holísticas y espacios de meditación en Cali, suele durar entre 40 y 90 minutos. La preparación es sencilla y muy a la caleña: ropa cómoda, no comer pesado antes y, clave, hidratarse bien. Adentro, el protocolo es dejar el celular a un lado, soltar el acelere y permitir que la sala —con su acústica cuidada— haga el resto.
Que el soundhealing esté de moda no es casualidad. Cali, con su identidad sonora que va de las marimbas del Pacífico a la clave salsera, entiende el poder del ritmo. Y si la ciudad late a buen tempo en la calle, no extraña que también busque, puertas adentro, una frecuencia que le baje el volumen al estrés. “Cuando el cuerpo y la mente se encuentran en el mismo compás, la vida se siente más llevadera”, resume Cabrera.
En últimas, más que una promesa mágica, el soundhealing se propone como un respiro guiado por vibraciones: una pausa consciente para afinar la propia sintonía. Porque, como diría cualquier caleño que sabe gozar y también cuidarse, lo bacano no es solo sonar duro, sino aprender a sonar bonito por dentro.
