Juan José Nieto Gil: el presidente afro que la historia quiso silenciar, vuelve a sonar en Colombia
Con sazón del Caribe y eco en la Sultana del Valle, el nombre de Juan José Nieto Gil vuelve a coger fuerza en la conversación nacional. Reconocido como el único presidente afrodescendiente del país, su trayectoria, por años invisibilizada, entra de nuevo al primer plano mientras Colombia revisa las páginas menos contadas de su pasado.
Nieto nació en 1805 en Tubará, creció entre oficios humildes y se hizo a pulso: militar, político, escritor. En pleno siglo XIX, en medio de la puja dura entre liberales y conservadores, se alineó con el liberalismo radical y defendió el federalismo como ruta para un país diverso.
En 1861 asumió la Presidencia de los Estados Unidos de la Nueva Granada en calidad de designado, en medio de la guerra civil que enfrentaba al gobierno central y a las fuerzas del general Tomás Cipriano de Mosquera. Su mandato fue corto, pero clave: ejerció como jefe de Estado en un punto de quiebre que reordenó el mapa del poder.
Durante décadas, su paso por la Presidencia fue minimizado o borrado de listados oficiales. Hoy, tras nuevas miradas históricas, se confirma su ejercicio legítimo y se consolida su lugar como el único mandatario afrodescendiente de la República.
No fue solo política. Nieto escribió “Ingermina o la hija de Calamar” (1844), una de las primeras novelas del país, donde puso en escena el mestizaje y los conflictos coloniales, abriendo debates sobre identidad y nación que todavía resuenan.
Desde Cali lo leemos con oído fino: reivindicar a Nieto Gil no es un capricho, es ajustar la memoria para que suene completo el conjunto. Porque en una Colombia plural, reconocer sus liderazgos —negros, indígenas, mestizos— no es moda: es justicia histórica.
